“La
moral es una cualidad matemática: es la exactitud
aplicada a la valoración ética de las acciones”.
José Ortega y Gasset (1883-1955)
En torno al tema de la corrupción en la Administración
Pública se teje toda una telaraña jurídica con el fin de combatir tan terrible
mal pero, en ocasiones, bajo el amparo de sofisticadas leyes se realizan actos
“lícitos” cuestionables desde el ángulo de la ética, pero nunca penalmente
perseguibles.
La corrupción consiste en aceptar promesas o recibir regalos
para inhibirse de cumplir un deber atinente a la función pública, de allí que
la palabra corromper se refiere a la ruptura concertada de la norma legal entre
quien pide su ruptura, el corruptor y quien la rompe, el corrupto. ¿Pero qué
ocurre cuando la ley permite un acto deshonesto? Pues judicialmente nada.
“Hubris”
es un término originario del nombre de la diosa griega Hybris, que se traduce
como orgullo, insolencia, arrogancia en aquella persona que se siente con el señorío
de exigir, reclamar, hacer demandas, sin tener derechos.
Hubris
alude al ego descomunal de quienes actúan de manera omnipotente. En la
mitología griega se refiere a personajes que, en su soberbia, proceden como
dioses identificándose con el ultraje o las acciones que quebrantan el orden
natural o que violan y humillan a la víctima, muchas veces por mero placer del
abusador.
La filosofa alemana Hannah Arendt escribió el libro: Eichmann en Jerusalén. La banalidad del mal (1963),
a raíz del juicio al que fue sometido el genocida nazi alemán Adolf
Eichmann. El año 2013, Hollywood llevó el tema al cine y en cierta forma
muchos, al colocar juntas las palabras “banalidad” y “mal”, pensaron
que Arendt pretendía vender el mal como banal. Nada más lejos de la
realidad.
Lo que expone en su libro es lo banal de un sujeto como Eichmann, quien
es capaz de dirigir la ejecución de millones de personas en campos de
exterminios nazis y considerarse inocente, encerrándose en su concha de
burócrata que ejecuta órdenes superiores, sostenidas en un sistema legal
sancionado por el aparato legislativo y judicial controlado por los
fascistas, pero en absoluto legitimo, ya que van contra los prístinos
principios del Derecho Natural y dentro de estos, los DD HH, sobre los
cuales se debe construir cualquier edificio jurídico.
Nazis transportando prisioneros a los campos de la muerte
La historia está llena de estos casos. La Inquisición nos ofrece una
vitrina en la cual encontramos muchos curas inquisidores quienes, en
abierta blasfemia, afirmaban que ni bajando Cristo se salvarían de ser
torturados los acusados o quemadas supuestas brujas.
En nuestros días hay demostraciones de la banalización del mal. Hay
gobiernos que han dado muestras de delirio al ejecutar cruelmente a
personas sólo por ser cristianos o sentenciarlos sin el debido proceso,
basados en simples sospechas o el delito de ser opositores; todas
violadoras de los DD HH, lo que constituye una expresión de la tiranía
del fanatismo y la superstición.
Félicien Kabuga, una de las figuras más destacadas en el genocidio de
Ruanda en 1994, fue detenido en mayo de este año en París por las
autoridades francesas. Kabuga fue acusado por el Tribunal Penal
Internacional de las Naciones Unidas para Ruanda en 1997 por siete
cargos de genocidio y crímenes contra la humanidad. Muchos violadores de
los DD HH no podrán escaparse y quedarán como ejemplo que atormentaran a
quienes vivirán huyendo de por vida aún detentando el poder, porque no
tendrán certeza del momento de la traición de sus conmilitones o cuando
la acción de la justicia se impondrá. Nada evita la pena que causa regar
diariamente con odio y miedo el alma. La mente le tortura lentamente y
aunque viven en medio de la opulencia, pero a lo interno el gusanillo
del resentimiento y de la podredumbre le carcome.
Pero esto también se observan en actividades tan comunitarias como lo
es una asamblea de una junta de condominio. En más de una ocasión
terminan dañando el vehículo u otra propiedad de algún vecino, solamente
porque no acompañan ciegamente las directrices de algún grupo
dominante. Hay quienes siguen viviendo con saña las disputas nacionales
de hace medio siglo o más, como si se tratarán de situaciones actuales.
Otros aprovechan para drenar sus miserias personales en acontecimientos
políticos o vivir como jeque con el “cuento” de la redención social.
Un libre pensador lucha contra los tiranos del fanatismo, la
ignorancia y la ambición. Contra la calumnia, el egoísmo, la vanidad, la
destemplanza. Se dedica a construir instituciones virtuosas integradas
por hombres y mujeres íntegros, además cavar calabozos a los vicios y
desviaciones. Pero cuidado, que de los calabozos se escapan los presos,
tal como nos advierte Kant: “No hay virtud tan fuerte que pueda estar segura contra la tentación”.
Por ello quienes creemos en la libertad, la igualdad y la fraternidad,
debemos buscar en todo momento a nuestro guía interior y con su Luz,
nuestra conducta estar signada por una prístina moral, ser piedra
fundamental en la construcción individual y coadyuvar en la del edificio
social, para que no se encuentren fisuras donde se puedan esconder la
ignorancia, la oscuridad, los vicios y acunar malas conductas.
Cuanto de resentimiento por su miserable existencia drenó Eichmann en
aquellos famélicos prisioneros quienes en su inmensa mayoría tenían un
solo delito: ser parte de una familia estable, armónica y con un futuro
halagador.
Las intervenciones de Eichman durante el juicio fueron banales, de
alguien que no tiene memoria o conciencia de sus crímenes. El peor mal
es la acción de las personas que no piensan, sus acciones son respuestas
automáticas de su resentimiento, no ejercitan la conciencia, no tienen
memoria.