En la actividad diaria las personas
rara vez se preguntan si sus acciones las guían la pasión o la razón. Y aún son
menos los que se interrogan: ¿Cuál es su pasión más constructiva?, ¿qué
beneficio le aporta esa pasión a usted y a la sociedad?; ¿Cuál es su pasión más
destructiva?, ¿qué perjuicio le causa a usted y a la sociedad?
El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) identifica la razón
con equidad, justicia, rectitud. La palabra razón deriva del griego ratio, que significa equilibrio. La
razón es necesaria para vencer las pasiones y someter la voluntad que nos
desvía del camino en el cual purificamos nuestras costumbres.
La serpiente es un símbolo bastante utilizado en las religiones
mistéricas del mediterráneo e incluso en América precolombina, China,
India y otros lados del orbe. En este artículo haremos una breve
incursión sobre un tema que apasiona a eruditos y obliga al estudio
profundo.
Su aspecto llama la atención. Se arrastra por el
suelo sin patas, su físico frío, liso y en algunas especies presentan
variedades multicolor. Su mordedura venenosa en ocasiones, pero también
utilizado el producto para fines medicinales.
De allí que su significado sea hija de la tierra. La serpiente sale
de la tierra, se arrastra sobre ella y se esconde en sus entrañas. De
esta observación parte probablemente la atribución de una naturaleza
netamente telúrica; «hija de la tierra» es, sin duda, su apodo tradicional, especialmente en la literatura griega de la Antigüedad.
Pero también la encontramos caracterizada como un ser ctónico o
apotropaico. Como ctónico, perteneciente al inframundo y adversaria del
hombre. Como apotropaico, guardiana de recintos sagrados o entrada al
mundo subterráneo; símbolo sexual masculino, por su forma fálica; guía
de ánimas; fuerza femenina por su vientre que todo lo devora; o una
energía capaz de renovarse constantemente gracias a su cambio de piel,
entre otros significados.
La vara en simbología representa poder, conocimientos mágicos y otras
significaciones. No en pocas ocasiones se relaciona con la serpiente.
La vara de Moisés se transforma en serpiente frente al faraón de Egipto.
Igualmente, cuando el pueblo de Israel es su peregrinar hacia la Tierra
Prometida, maldicen y se rebelan constantemente por los padecimientos
que les depara la marcha por el desierto, Dios le envía serpientes que
muerden a los revoltosos y les causa la muerte. Aquí, un símbolo de
castigo por la desobediencia. Luego, al Moisés interceder por su pueblo,
Dios le ordena construir una serpiente de bronce que la coloca en el
asta de la bandera, y quienes eran mordidos por los ofidios, con solo
con ver la serpiente de bronce, eran curados. Aquí es un símbolo de
arrepentimiento y perdón (Números, 21 6-9).
En el mundo griego la vara de Esculapio, con la serpiente de Epidauro como símbolo de poder curativo.
Los judíos consideran a la serpiente como paradigma del pecado y del
Diablo. La tentadora que engaña a Eva e induce a los primeros padres al
pecado. Pero no deja de ser un símbolo de astucia e inteligencia, como
hemos visto en la historia de Moisés.
En la mitología egipcia la serpiente juega un papel importante. Son
varias las diosas serpientes, pero haremos referencia solamente al
enemigo principal del dios solar y del orden universal egipcio: Apofis, quien reviste figura de serpiente. Símbolo de la fuerza de la oscuridad.
En el cristianismo las figuras de serpientes que tienen los báculos
episcopales aluden a la serpiente de bronce de la Biblia. Otra figura
parecida es el Leviatán, un monstruo marino que personifica a uno de los
siete príncipes del infierno.
Jesús, tras escoger a sus doce apóstoles, les recomienda: “sed astutos como serpientes y candidos como palomas” (Mateo, 10, 16)
Un punto que no debemos pasar por alto es la función de la serpiente
en las escuelas o religiones de misterios. Estos cultos tienen un origen
telúrico por lo que justifica la presencia de la serpiente en ellos.
No pocos autores paganos, Eurípides (Bacantes, 101 ss., 698.768, etc.), Demóstenes (Corona, 260), Horacio (Odas,
2,19,19), hablan de su manipulación, agitarlas sobre la cabeza, ceñirse
la cintura con ellas en estado de excitación extática. Las
consideraciones esotéricas de estas religiones y la imposición de la ley
del arcano, han impedido conocer más sobre el acto iniciático en
algunos cultos de la «introducción de la serpiente en el seno del iniciado». Lo que se sabe es referenciados por testimonios cristianos como el de Clemente de Alejandría (Protéptico, 2,16), Fírmico Materno (De errore profanarum religionum, 10), Arnobio (Adversus Nationes, 5,21). Sabemos que mucho conocimiento no trasciende más allá de la tradición esotérica.
Isidro Toro Pampols.·.
@isidrotoro1
Figura: La Serpiente Kundalini levantada por Moisés en la Tau
Notas:
Apotropaico, ca. (RAE) 1. adj. p. us. Dicho de un
rito, de un sacrificio, de una fórmula, etc. que, por su carácter
mágico, se cree que aleja el mal o propicia el bien.
Ctónico. En mitología y religión, y en particular en la griega, el término ctónico (del griego antiguo χθόνιος khthónios,
‘perteneciente a la tierra’, ‘de tierra’) designa o hace referencia a
los dioses o espíritus del inframundo, por oposición a las deidades
celestes. A veces también se los denomina telúricos (del latín tellus).
Bibliografía
*- Becker, Udo. Enciclopedia de las símbolos. Robin Book. Barcelona. España. 1966 *- Frazer, James George. La rama dorada: un estudio sobre magia y religión
*- Guerra Gómez, M. Misterios Y Religiones Mistéricas Gran Enciclopedia Rialp. 1991
Antes de entrar en el tema que nos ocupa, vamos a recordar la
definición de la palabra símbolo de acuerdo al diccionario de la RAE:
“Símbolo. (Del lat. simbŏlum, y este del gr.
σμβολον). m. Representación sensorialmente perceptible de una realidad,
en virtud de rasgos que se asocian con esta por una convención
socialmente aceptada.
Figura retórica o forma artística, especialmente
frecuentes a partir de la escuela simbolista, a fines del siglo XIX, y
más usadas aún en las escuelas poéticas o artísticas posteriores, sobre
todo en el superrealismo, y que consiste en utilizar la asociación o
asociaciones subliminales de las palabras o signos para producir
emociones conscientes.
Ling. Tipo de abreviación de carácter científico o
técnico, constituida por signos no alfabetizables o por letras, y que
difiere de la abreviatura en carecer de punto; p. ej., N, He, km y $ por
Norte, helio, kilómetro y dólar, respectivamente.
Numism. Emblema o figura accesoria que se añade al tipo en las monedas y medallas.
ant.
santo ( nombre que servía para reconocer fuerzas como amigas o
enemigas). ~ algébrico. m. Letra o figura que representa un número
variable o bien cualquiera de los entes para los cuales se ha definido
la igualdad y la suma. ~ de la fe, o ~ de los Apóstoles. m. credo (
oración). En las distintas variantes de la definición de símbolo
encontramos dos constantes: es una representación sensorialmente
perceptible de una realidad y, segundo, es socialmente aceptada.
Entonces encontramos la razón que sustenta la afirmación: “el mundo espiritual de los egipcios no es asequible sin más a los occidentales de nuestro tiempo”.
Y es que los antiguos egipcios vivían en un mundo de imágenes. De ahí
que las formas primarias del pensamiento egipcio sean el símbolo y la
imagen los cuales, en incontables ocasiones, se entremezclan de manera
inseparable. Esa manera de percibir al mundo no es socialmente aceptada
por el hombre de hoy. Y es que los habitantes del valle del Nilo no
participaban nuestra lógica racional. La magia simbólica y los relatos
de naturaleza mítica presidían hasta los actos de Estado. Eso que parece
tan contradictorio al hombre occidental contemporáneo, era usual,
común, en el Egipto milenario.
El mundo relacional de las imágenes
Las imágenes dominaban el principio formal. Para nosotros no tiene
lógica que el cielo se represente como una vaca, o que el escarabajo sea
venerado como el símbolo del dios Sol. El egipcio entendía que el
cementerio debía estar en el occidente del país ya que el sol se pone en
el oeste para recomenzar su trayecto en la mañana, así los muertos
pueden lograr su desplazamiento hacia la nueva vida. Existe una
correspondencia real que se da entre las cosas, en la relación entre el
microcosmos y macrocosmos intuida por la mente y visualizada por los
ojos. Si para el hombre actual el mundo es enigmático, no era menos para
el habitante antiguo.
En la actualidad nos colocamos frente al universo e intentamos
comprenderlo midiendo y calculando. Sobre la data obtenida analiza e
infiere. En el mundo antiguo: egipcios, babilonios, griegos, entre
otros, no intentaron contar las estrellas, sino realizaban una
disposición gráfica que muestra o representa cosas relacionadas entre
sí, facilitando su visión conjunta. Las identifica con imágenes y ese
cielo estrellado se transforma en un libro ilustrado que le permite a la
humanidad dar pasos de avances de inmenso valor. Ese encuentro en el
espacio celeste de lo divino con el sentido de la existencia, se intenta
conservar fijándolo en imágenes.
Para el hombre contemporáneo hay diferencias entre la realidad y el
símbolo. Este es irreal y abstracto. Va más allá de la forma concreta.
Pero para el mundo arcaico no. En el pensamiento mágico la imagen y su
original son la misma cosa. La imagen es real. El nombre de una persona
es algo más que una forma de identificarla. Es un componente de su
existencia y a través del nombre se puede hacer daño al portador. El
color rojo simboliza la vida, pero no queda allí. No. El color rojo la
mantiene y posibilita la resurrección. El mundo mágico religioso del
Antiguo Egipto es inclusivo. La magia es una forma de relacionarse con
el mundo, la religión con dios. De ahí que ambas prácticas no se
excluyan mutuamente, sino todo lo contrario: se complementan.
Hike En el marco de la comprensión mágico
religiosa, existe una fuerza misteriosa conocida como “Hike”. Hike, Heka
o Heket, se representa como un dios o diosa que lleva sobre la cabeza
un estandarte con una rana y que sujeta en sus manos dos serpientes.
Presente desde el Reino Antiguo, más que un dios es la
personificación del poder del Sol. Aunque tradicionalmente se ha
traducido como magia, en opinión de muchos egiptólogos, sería más
acertado decir que es el poder que permite obtener fines más allá del
alcance de la acción y la expresión normales. Como dios asociado a los
poderes mágicos y sortilegios, es la personificación de la magia divina
que produce la vida, el poder mágico del sol y el poder de la palabra. Forma
parte de la comitiva de la barca solar, encargada de la defensa de Ra y
es uno de los responsables de repeler a la dañina serpiente Apofis que
lucha cada noche para atacar y eliminar al Sol. Presente también en los
Textos de los Sarcófagos, aparece como dios primordial; sin embargo,
poseía un clero compuesto de médicos-magos. En los Textos de las
Pirámides se encuentran el jeroglífico “serpiente” con varios cuchillos
para hacerla inofensiva. Se parte de la fe en la mencionada fuerza
misteriosa que produce efectos sobrenaturales, la cual forma parte de la
naturaleza de los dioses y la misma puede ser utilizada por los
sacerdotes expertos, quienes, en su rol de sacerdotes funerarios, tienen
la misión de exorcizar los poderes de la muerte y de asegurarle al
difunto una “existencia” feliz.
La simbología en la relación macrocosmos microcosmos
El razonamiento mágico se encuentra en aquellos pueblos que
comprenden que todos los fenómenos están relacionados entre sí por una
participación mística. Parte de ahí el desarrollo del razonamiento
mítico y en ese proceso de transición el hombre ya no observa el mundo
como síntesis y ahora se reconoce a sí mismo como un ser envuelto en la
polaridad cósmica. El hombre realiza la experiencia del espacio y del
tiempo. Para el egipcio los mitos eran “hechos de los dioses al comienzo
de los tiempos, pero estos sucesos eran símbolos que expresaban la
organización actual de las cosas”.
La figura que representa al dios aire Shu separando el cielo (Nut) de
la tierra (Gueb), es un acto simbólico de la toma de conciencia del
Arriba y del Abajo, de la Luz y de la Oscuridad, del Bien y del Mal.
Allí encontramos el devenir simbólico del pensamiento mágico que se
integra al pensamiento mítico.
Se consideraba que Shu posibilitaba al difunto su ascensión al cielo.
Como señor del aire, es la atmósfera que separa la tierra del cielo, o
sea, es el espacio vacío que existe entre el cielo (Nut) y la Tierra
(Gueb), el aire y la luz que da lugar a la existencia de vida y su
ocupación eterna era mantener separados el cielo (Nut) y la tierra
(Gueb) para que el caos no se apoderara del universo; aunque según
Plutarco, lo hizo por orden de Ra. El resultado es que gracias a la
creación de ese espacio intermedio entre el cielo (Nut) y la tierra
(Gueb) se podía difundir la luz solar, garantizando así a su padre
(Atum-Ra) un espacio diferenciado que le a él permite volver cada día.
El encuentro con el centro de la existencia
Por medio de los ornamentos geométricos, el hombre del neolítico
expresa su visión mágica del mundo. Más allá de la exigencia de los
materiales y la tecnología, o de la necesidad instintiva de imitar, el
ser humano de la época Predinástica concibe la ornamentación simbólica
como un símbolo.
En los mapas se registraba la “geografía del más allá” y se pintaban
en el fondo de los ataúdes. Era la guía necesaria para conducir al
difunto en zona desconocida. El arte era utilitario en función del culto
y la magia. No se puede hablar del arte arcaico egipcio con la misma
óptica que tenemos hoy día del arte en Occidente. En la arquitectura
monumental, representada en las pirámides o las pinturas funerarias de
Tebas, no figura nada que no sean símbolos y estos comprensibles para la
clase sacerdotal y para aquellos iniciados en el conocimiento esotérico
egipcio. Los médicos pertenecen a una clase sacerdotal. Las normas que
rigen la higiene y la prevención de enfermedades son mandamientos. Los
funcionarios jurídicos son los “sacerdotes de Maat”. Todo el
ordenamiento ciudadano lo da el dios creador. Todo esta impregnado por
la religión y esta, a su vez, es un conocimiento exclusivo de los
iniciados.
La afirmación anterior no puede hacernos pensar que el arte egipcio
era inmutable. Rígido. Estático. No, en absoluto. La imagen original de
la “pantera volante”, el símbolo del cielo (pantera) y del sol (el
halcón de la mañana como hijo y el hombre de la tarde como padre) se fue
cambiando en la del “disco solar volante” (sol con alas). De allí la
importancia de comprender lo que el símbolo en sí mismo significa para
el hombre de aquellos tiempos.
Cuando el egipcio observa un símbolo que para un occidental puede
representar una barca, la pirámide, la flor de loto, la garza, la rana,
piedra preciosa o cualquier otro, no piensa en la superficie de la cosa o
en la forma del símbolo. Al encontrarse con el emblema tiene la
sensación de encontrarse con el infinito. Se aleja de los motivos
cotidianos y se adentra en el camino que lo convoca al centro de la
existencia. El símbolo lo conduce al origen y a la muerte, la luz y la
oscuridad, el bien y el mal. Es un resumen de ese “mundo distinto” que
poco tiene que ver con el aquí y el ahora. Complejo cosmos al cual
accede por medios de las categorías simbólicas típicas que le permiten
ir y asistir de los pequeño a lo grande, de los fragmentario a la
totalidad, de lo efímero a lo eterno.
Este concepto se nos hace difícil a los habitantes de este tercer
milenio ya que el símbolo no pretende explicar de una manera racional
las misteriosas relaciones existentes en las leyes naturales que rigen
los fenómenos del mundo. De allí que el título de “Guarda del Secreto”,
existente en el Imperio Antiguo, era tan importante ya que el
conocimiento del orden cósmico es un secreto que hay que mantener a buen
resguardo de lo profano.
Al momento de convocarse al iniciado, el símbolo tiene la función de
tutelarle en la senda hacia algo superior y de revelárselo al mismo
tiempo. Pero el símbolo, igualmente, tiene la misión de esconder el
conocimiento al ignorante, quien nunca sabría darle buen uso.
Uno de los títulos existente es el “Guarda del Secreto de la Cámara
del Vestuario”. Pocos sabían cómo y en qué ocasiones había que usar las
diferentes partes del traje ceremonial. Situar cada vestido o joya en el
mito. El acto de vestirse, en sí mismo, es simbólico.
Símbolos: arquetipos en el alma del ser humano
Algunos podrán creer que en el repertorio simbólico egipcio se
encuentran ambivalencia. Que los hay bipolares. Que Osiris, por ejemplo,
considerado dios del infierno y, al mismo tiempo, señor del cielo; es
el Sol poniente y naciente, perecer a manos de su hermano Set y ser
inmortal. La diosa Bastis aparece como una gata amable, festejada por
las mujeres con música y bailes. Sus sacerdotes son médicos. Sin
embargo, la diosa bajo el nombre de Sacmis, aparece como una cruel
devoradora, una feroz batalladora en forma de leona. Carl Gustav Jung
(1875-1961) psiquiatra y psicoanalista suizo, fundador de la escuela
analítica de la psicología, quien realizó una variación sobre la obra de
Sigmund Freud y el psicoanálisis, interpretando los problemas mentales
como un modo patológico de procurar la autorrealización personal y
espiritual, estableció que los símbolos no están sujetos a tiempo y
lugar y que la mayoría se rigen por leyes independientes de la tradición
ética y de la religión. Los psicólogos han constatado que las imágenes
le vienen al hombre también desde el fondo de su alma, del subconsciente
y no solamente del mundo visible. Que estas imágenes se le aparecen al
individuo en los sueños o en estados semiconsciente. Esto es lo que Jung
define como arquetipos.
Arquetipos que entran en la consciencia en forma de mitos y símbolos.
Como los arquetipos se encuentran en el alma de los hombres, estos
pueden emerger a la conciencia de cualquier pueblo y en cualquier
tiempo. Los símbolos del gato y del león –Bastis y Sacmis- pertenecen al
arquetipo de la “Gran Madre” que da a luz y devora, diosa de la Tierra
de la que proviene y regresa todo ser viviente.
La psicología de Jung explica por esta vía la existencia en el arcano
mundo egipcio de ideas e imágenes que se conocen –antes o después- en
otras regiones. El dios que desciende a la tierra, del agua de vida, del
arca sagrada, del camino al otro mundo, entre otros.
Simbología egipcia: custodia del verdadero conocimiento
Desde tiempo arcano el rey egipcio personificaba al dios Horus. Es el
simbolismo del dios que desciende a la tierra. En tiempos primitivos,
de acuerdo a la tradición mítica, Osiris, el hijo del dios tierra Gueb y
de la diosa cielo Nut, le dio al país del Nilo leyes y le enseño a
respetar a los dioses. A su muerte, le sucede Horus en el dominio de
Egipto. De allí la simbología real que Osiris es el rey que fallece y
que Horus es el rey “en el trono de los vivos”. El poder real es una
encarnación del poder divino. El rey es la personificación del dios
Horus.
Así el rey al morir se transforma en Osiris y todos son sucesores del
dios Osiris. A partir de la Dinastía IV, al rey se le denomina, además,
hijo del dios Re o, simplemente, “imagen viva en la tierra” de su
padre.
De lo anterior se desprende que la simbología egipcia no es rígida en
absoluto. Pero en su esencia, mantiene la concepción de su conocimiento
y creencias. El templo de Amenofis III en Luxor muestra como el dios
Amón asume la forma del rey actual y en la unión con la reina,
garantizaba la sucesión divina del heredero. Ese modelo o, en palabras
de Jung, arquetipo, se expresó ya bien entrada en nuestra era con la
teoría del derecho divino de las monarquías occidentales.
En el sarcófago de Tutankhamón se observa, sobre su frente, el buitre
y la serpiente que simbolizan a los dos países: el Bajo y el Alto
Egipto. Señalamos estos con el fin de observar la importancia del mundo
de los símbolos y para que este ejemplo nos ayude a comprender un poco
más en el significado compartido por el colectivo, pero no para
encontrarnos con el verdadero significado de los mismos, ya que ello,
como se ha dicho en párrafos anteriores, corresponde al conocimiento de
los iniciados.
El buitre de Elkab, ciudad del Alto Egipto, y la serpiente de Buto,
en el Delta, son los animales heráldicos de los dos países. El buitre es
el animal sagrado de la diosa Nekhbet y simboliza la corona blanca del
Bajo Egipto. La serpiente se refiere a Uto y simboliza la corona roja
del Alto Egipto. Allí tenemos dos animales heráldicos, dos coronas y dos
diosas: tenemos entonces la expresión dualística egipcia de que el
mundo percibido por los sentidos ha nacido de la división de una unidad
original. Todo este interesante simbolismo se desprende de los hallazgos
arqueológicos en torno a la institución real egipcia.
Siguiendo en el campo de la institución real, encontramos que en la
mitología propia de otras latitudes, por ejemplo Grecia, se encuentra el
paso de las regiones de los dioses a la de los mortales. Esto no ocurre
en la egipcia. El rey es el único vínculo entre ambas zonas. Elrito de entronización se encuentra lleno de símbolos.
Primero, el candidato al trono es purificado con el agua de la vida,
para “que se volviera tan joven como Ra”, quien también se purificó
antes de emprender su viaje por los cielos. La víspera de la coronación
se erigía lo que se conoce como la pilastra Dyed, lo que seguramente es
un rito de fertilidad. La coronación es llevada a cabo por los dioses.
Luego, el rey disparaba una flecha a cada uno de los puntos cardinales
asumiendo así, simbólicamente, el dominio sobre el mundo.
La cruz ansada o ansata, la lleva el rey en la mano. Es símbolo de
ser portador de vida. En su corona lleva la serpiente de oro (Ureo),
símbolo del centelleante ojo del sol que destruye a los enemigos de la
luz. El rey es el garante del orden terrestre y cósmico.
Estos poderes divinos se renuevan al término de unos treinta años de
mandato por medio de la fiesta del Jubileo (heb-sed). El hecho de
hacerlo a los treinta años puede estar basado en el ciclo orbital de
Saturno. En el sur de la India se lleva a cabo una fiesta similar tras
doce años de reinado; que corresponde al ciclo orbital de Júpiter. La
fiesta del Jubileo representa la muerte y resurrección del rey, por lo
que alcanzaba nueva fuerza vital. Esta celebración también se encuentra
en culturas antiguas de Europa y en otras partes del mundo. El elemento
común a estas fiestas es el hecho de que la posición de las
constelaciones era decisiva al determinar la fecha de la muerte ritual.
En Kordofán, región situada en el centro del actual Sudan, se apagaban
todos los fuegos con lo que se simboliza la extinción de la ley y el
orden. Por analogía, la ceremonia de “encender el fuego” recibe un
especial significado en la fiesta egipcia del Hebsed o Jubileo, ya que
el rey mismo encendía el nuevo fuego y garantizaba así la luz y la vida.
Esto, en apretada síntesis, es lo que la arqueología y otras ciencias
de la cultura recogen del mundo simbólico egipcio. Nada que ver con los
textos esotéricos los cuales profundizan en su significado, pero el
mismo es sólo para iniciados. Lo importante de esta lectura, es que, sin
temor a equivocarnos, la ciencia exotérica cada día encuentra elementos
que ratifican la importancia y la profundidad del saber esotérico.
Isidro Toro Pampols.·.
Bibliografía
Lurker, Manfred.Diccionario de dioses y símbolos del Egipto Antiguo. Indigo. Barcelona, España. 1991
Becker, Udo.Enciclopedia de los símbolos. Robin Book. Barcelona, España. 1996.
El cristianismo ha marcado el devenir de la
civilización occidental. Los teólogos, desde los primeros siglos, han
desarrollado un cuerpo de ideas las cuales sustentan el pensamiento religioso y
para ello han utilizado la filosofía, particularmente la griega, como
herramienta que ayuda a comprender un planteamiento que, si bien está basado en
la fe, se explica mediante la razón. La antropología cristiana sustenta cinco
tesis capitales, sobre las cuales se levanta el andamiaje de esta religión. Las
mismas son las siguientes:
Palestina, lugar de nacimiento del cristianismo,
pasa a formar parte del reino de los Ptolomeos al desmembrarse el
imperio de Alejandro Magno. La Dinastía Ptoloméica es aquella fundada
por Ptolomeo I Sóter, general de Alejandro Magno. Esta estirpe gobernó
en Egipto durante el período Helenístico desde la muerte de Alejandro
hasta el año 30 a. C., en que se convirtió en provincia romana. Ese
tiempo se reconoce en la historia como período Helenístico o Alejandrino
de Egipto. Esa realidad dejo huellas profundas, especialmente en el
pensamiento filosófico.
Palestina, como señalamos, paso a ser parte del reino de Ptolomeo y
éste, en sus relaciones con los judíos, respetó su religión y
costumbres. Eso no fue impedimento para que penetraran la cultura,
educación y formas de vida propias del helenismo.
Platón y Aristóteles
Grecia es la cuna de la filosofía. Allí por primera vez se entiende
la disciplina como investigación. Lo original de este escudriñamiento es
su autonomía, ya que recibe sólo de si su fundamento y la ley de su
desarrollo. Una característica que adquiere la filosofía es su libertad.
Libertad significa que el punto de partida, la
disciplina y el método de investigación sean descubiertos y adaptados
por ella misma y no impuestos.
La religión parte de una premisa distinta: la creencia por la fe. Las
creencias tienen su base en la revelación, no en la investigación. Un
testimonio superior se le presenta al hombre y este lo acepta. El
cristianismo no es diferente. La mejor demostración la encontramos en el
Evangelio de San Juan cuando “los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.
8:14 Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca
de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a
dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy.
8:15 Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie.
8:16 Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre.
8:17 Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero.
8:18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí.
8:19 Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a
mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi
Padre conoceríais.” (S. Juan VIII, 13,19)
Allí se encuentra la demostración de que su enseñanza se fundamenta en el valor, fe y respeto al Padre.
El problema se presenta cuando el hombre religioso quiere conocer y
comprender el significado de la verdad revelada. Aquí renace el espíritu
investigativo del ser humano. El hombre reconoce la verdad revelada,
sabe que está allí, pero queda ahora acertar como acercarse a ella,
comprender su autentico significado y como vivir en esa verdad,
integrada a ella.
En este momento toma cuerpo la filosofía, ya que la necesidad de
investigación del hombre religioso para acercarse a la verdad revelada
hace resurgir la investigación. Aunque renace con un fin especifico, no
es menos cierto que se presenta con todas sus características que la
distinguen. Con gran fuerza, ya que la verdad que va a investigar es la
Verdad.
De allí que del cristianismo nace la filosofía cristiana. Su misión
es ayudar al hombre a comprender la verdad revelada por Cristo en su
significado auténtico. La filosofía griega le coloca en bandeja de plata
los instrumentos. El hombre comenzaba a tener acceso al significado de
la revelación cristiana gracias a la especulación helénica.
Tras el tránsito de Jesús por esta existencia, la Iglesia que
comienza a conformarse, se da por tarea el acercar a los hombres el
significado esencial del mensaje cristiano. Cierto es que ni Jesús ni
los apóstoles instituyeron el episcopado monárquico ni el ministerio,
mas si encontramos en la Carta de Pedro la idea del sacerdocio
universal de todos los fieles. Los primeros elegidos como funcionarios
eclesiásticos fueron Esteban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y
Nicolás prosélito de Antioquia. Estos fueron presentados “ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos”.
(Hechos VI, 5,6) Ahora, los historiadores afirman que la primera
mención de ordenación de sacerdotes data de la época de Hipólito de
Roma, muerto el año 235 d.C. Estos hechos se encuentran registrados y lo
importante era la misión de reunir a la humanidad en una comunidad
universal –catolicismo- en la cual el valor de cada persona se funda en
su capacidad de vivir de acuerdo a los preceptos cristianos. La tarea de
comprensión del significado de los mismos, se le encomendó a la
filosofía, pero ya cristiana.
Ahora hay que tener presente que la investigación en la filosofía
cristiana no tiene por finalidad descubrir nuevas verdades. Eso es
imposible. Ni siquiera desarrollar la verdad del cristianismo primitivo.
La filosofía cristiana sólo puede encontrar el mejor camino para que la
humanidad descubra y haga suya la revelación.
La Iglesia cristiana tiene la obligación de esclarecer la verdad para
que cada hombre tenga una guía y un límite, que nunca se lo podrá dar
la razón y si lo encuentra en la filosofía cristiana. De allí que la
Iglesia en sus Concilios, que son asambleas solemnes, define las
doctrinas que formulan el significado esencial del testimonio que se
expresan en los dogmas.
De lo anterior inferimos que la filosofía en el cristianismo tiene
sus linderos bien definidos. Se pierde el sentido original de la
filosofía griega que le permite en la investigación inicial fijar los
términos y el significado de su problema; aquí, en el cristianismo, los
términos y la naturaleza del tema ya le han sido dados.
La importancia reside, desde luego, en que la filosofía ha mantenido
con fuerza la inmutabilidad del significado esencial del mensaje
cristiano, la fuerza y la eficacia de su misión espiritual.
De allí que el cristianismo se presentó como la última y más completa
manifestación de la filosofía, ya que el problema de la Verdad ya está
resuelto.
La masonería, de su lado, entiende que
emblemáticamente la Verdad está allí, en el Oriente Eterno. Su
representación en el Taller se encuentra en el Ara. Esta Verdad está
velada por símbolos y alegorías. La filosofía es la gran herramienta
para desentrañar estos símbolos y alegorías. Las herramientas: mazo,
cincel, regla de 24 pulgadas, escuadra, compás y muchos otros, nos
ayudan a desarrollar nuestra guía y límites. Los ritos nos muestran el
camino: la vereda del iniciado, llena de obstáculos a vencer. El giblim,
o albañil de sí mismo, trabaja su ashlar, o piedra en bruto, con la
fuerza de convicción de quien al elevar su Templo Interior, aplomado y
nivelado, encontrará el significado del descubrimiento, entre la
escuadra y el compás.
Isidro Toro Pampols.·.
11 de junio 2017
Bibliografía.-
*- Abbagnano, Nicolás. Historia de la Filosofía. 2da edición. Montaner y Simon, S.A. Barcelona, España 1964
*- Backhouse E., Tylor C. Historia de la Iglesia Primitiva. Tomo I. Libros CLIE. Barcelona. España. 1986
* Blázquez Marinez, Joé María. El Nacimiento del Cristianismo. Editorial Síntesis. Madrid, España 196
Realizamos una aproximación a
la sociedad griega desde el periodo micénico hasta llegar al Arcaico,
para situar en el contexto los consejos pletóricos de filosofía de vida
de los Siete Sabios de Grecia. Hombres en fin de cuentas, con sus
pasiones y debilidades, pero que dieron un paso adelante en un mundo
convulso, lleno de retos y amenazas. Las colectividades de la época, o
de las épocas, porque se dibuja velozmente más de dos milenios de
historia, desde el periodo micénico hasta el Arcaico, crecieron en
espiral en torno a problemas sociales que se originan por una serie de
causas que las podemos resumir en económicas, geográficas, tecnológicas,
culturales, de poder, religiosas, en fin, propias de la complejidad de
ese ser extraordinario llamado humano. Pero en cada giro que se daba en el
devenir del tiempo, siempre en el centro se vislumbraba la idea de un
mundo mejor, con mayor respeto a la dignidad del hombre.
La sentencia de
un Solón: “huye de aquellos placeres que paren tristeza”, de un Cleóbulo: “familiar a la virtud, extraño a la maldad”,
son sólo un par de ejemplos del variado menú de consejos que pretenden
orientar a la humanidad por senderos de Luz, encaminados a tener una
mejor sociedad, con hombres más virtuosos.
Así llama Aristóteles a quienes elaboraron los
mitos, cosmogonías y teogonías. El hombre primitivo observa la acción
imponente de fenómenos que se manifiestan en el firmamento, en las
estrellas, nubes, pero también en su propia vida, igual en la tierra, en
el mar, lagos y ríos, en fin en lo alcanzable y lo que se vislumbraba
más allá de lo físico.
Le da una explicación y la misma es elaborada sistemáticamente por
magos, sacerdotes, agoreros. Vienen los ritos, las ofrendas y hasta los
sacrificios. Se busca en el conticinio la explicación y se persigue la
conexión que pueda dar el esclarecimiento convincente, bien por
elaboración o apelando a la fe.
Los dioses surgen en el imaginario y el mito que sublima y copa buena
parte de la existencia del ser humano. Los griegos, o mejor expresado
los helenos, nos dejan una maravillosa herencia en la materia, pero no
son los únicos. También los persas, babilónicos, judíos y que decir de
los hindú o las culturas del lejano Oriente.
Los helenos construyeron poderosos dioses sobre la base de la belleza
que presentían más allá de la observada en el ambiente terrenal. La
alegría y el placer que sienten en sus sentidos, la valentía de sus
hombres enfrentados a la naturaleza o a otros semejantes y hasta la
venganza – tan humana – que la proyectan en los dioses y divulgan en los
mitos.
Dioses y héroes se entrelazan y se transforman en nuevas divinidades.
Ya lo denuncia Tertuliano y gana la fuerza suficiente con la teoría del
heleno Emevero para evidenciar a los dioses paganos como simple
invenciones humanas. Pero en nada le quita sabiduría a los mitos ni
dejan de ser una búsqueda de la verdad.
Homero
Aristóteles califica a Homero como el primer filosofo. Como bien dice
Tucídides, filósofo es quien ama la sabiduría. Y que son los mitos. Un
camino hacia la unidad desde la pluralidad. La búsqueda de lo simple,
desde la diferenciación. Tratar de conocer el espíritu, la verdad, todo
en mitos. Platón aún los utilizaba en su construcción filosófica.
Un punto interesante en la narrativa de la Grecia Antigua es que la
comprensión de los acontecimientos depende de la voluntad de los dioses,
pero sin descartar el obrar de los seres humanos. Aquí prende la idea
del libre albedrío. Lo anterior se desprende de la obra de Homero, en la
cual existe unidad entre lo suprasensible y lo sensible, entre lo
espiritual y el cuerpo, el dolor y la alegría, lo oscuro y lo iluminado;
desprendiéndose la idea de que ambas fuerzas son parte de una unidad
que se enriquece con la antítesis. Aunque es poesía, no deja de ser un
indagar y presentir la sustancia, o sea, aquello que no necesita de algo
anterior para existir. Y allí, siempre, está la acción del hombre.
Si bien Homero es poesía, Hesíodo es teología en cuanto que trata de los dioses, sus atributos y perfecciones.
Hesíodo
Hesíodo, en su teogonía, construye un argumento lógico del nacimiento
del mundo. Hay un momento en que pasa del mito a la teología. Despliega
la creación y desarrollo del mundo en tres tiempos: el de Urano, el de
Cronos y el de Zeus. En el origen, primero fue el Caos, ser asexuado y
sin figura y lo describe como un abismo que se abre nada más, algo como
el espacio vacío. Luego emergieron el primer ser femenino y masculino:
la Tierra, madre de todos y Eros, dios del amor, del movimiento y la
evolución. Del Caos sale Erebo, dios de las tinieblas y Nix, diosa de la
noche. De la unión de Erebo y Nix, nacen Éter, el brillo fulmíneo, que
participa de las propiedades del rayo; y la diosa del día, generándose
la luz por la fuerza creadora de Eros.
Hay claramente una teología cargada de planteamientos filosóficos.
Deja rápidamente la abiogénesis y da paso a creadores y creados, a las
musas, hijas de Mnemosina, que a su vez es recuerdo y memoria. Hesíodo
no enlaza cada musa con las artes y ciencias como posteriormente se
encuentran en los escritos, para él lo importante es que representan el
número nueve y el coro de todo lo que alegra al ser humano y lo
ennoblece. Allí hay mucho de esoterismo.
Estos mitos han dado origen a muchas teorías cosmogónicas, además de
la de Hesíodo. Con razón Aristóteles los llamo “los primeros Teólogos”
Se califica como religión mistérica o religión
de misterio, la que presenta misterios que no se plantea explicar. Las
razones para esta negativa a revelar los detalles de la religión pueden
ser variadas. Desde razones de defensa de la propia comunidad ante
represalias de colectivos mayoritarios, protección de intereses
personales, la vivencia de pertenecer a una sociedad exclusiva, o
simplemente la imposibilidad de explicar racionalmente esos datos
relacionados con la religión.
Por lo tanto, más que una religión, es un modo de vivir un culto,
existiendo a lo largo de la historia de las religiones muchas que pueden
encajar en este tipo. El secretismo y exclusivismo de algunas de estas
observancias mistéricas conlleva una serie de ritos iniciáticos, y
frecuentemente un periodo de preparación y de pruebas, antes de aceptar a
un nuevo adepto en la comunidad. Estas ceremonias recibían el nombre de
misterios. (1)
Existen muchas religiones mistéricas y exponer cada una de ellas es
trabajo de eruditos. Pero lo que al menos debe conocer todo interesado
en temas relacionados con el esoterismo o religiones de la antigüedad,
son las notas comunes a muchas de ellas, que a la vez las diferencian de
otras religiones exotéricas.
Lo primero es listar un grupo de religiones consideradas mistéricas,
aunque la relación no es exhaustiva. Así tenemos, entre otras, misterios
dionisiacos y órficos, helénicos de Eleusis, de Zálmoxis de los getas,
mesenios de Andania, cabíricos de Samotracia, de Sabacio, frigios de
Atis y Cibele, de Tammuz-Adonis, iránicos de Mitra, egipcios de
Isis-Osiris, de la Bona Dea.
El numen, como deidad dotada de un poder misterioso y
fascinador, subyace en estos cultos y la tierra, impregnada de
numinosidad, divinizada, es el origen de estas manifestaciones.
Históricamente la sitúan en el neolítico y en cuanto a ubicación en
Oriente o en el Antiguo Egipto. Es importante conocer que en la cultura
helenística de la Antigua Grecia, antes del 600 a.C. están presente los
cultos mistéricos de Eleusis (Démeter: hermana/esposa de Zeus y
Perséfone: hija de Démeter y esposa de Hades) y los de Dionisio y las
bacantes.
El origen se relaciona con los misterios de pueblos agrarios y
matriarcales, donde la tierra y la sangre ejercen un influjo especial.
La sangre derramada por sacerdotes e iniciados en varios misterios es un
fuerte intento de comunicarse con la naturaleza. Sus divinidades son
ctónicas o telúricas, son dioses o espíritus del inframundo, por
oposición a las deidades celestes.
La salvación de cada iniciado en una búsqueda de la comunión, la unión mistérica con el ser -«huida del uno al Uno» (2)
-tal como lo plantea Plotino en un contexto diferente-, lo cual nos
presenta un escenario que va más allá de la salvación colectiva, siendo
la convicción muy personal ya que busca fundirse con el Uno. El hombre
existe en el cosmos en una medida más pequeña. Mientras que en otras
religiones el hombre sale de la Naturaleza como algo singular, aquí el
hombre es un microcosmos. Esta idea es aceptada por los griegos y se
proyecta aún en nuestros días, especialmente en el pensamiento
esotérico, lo que difiere sustancialmente del planteamiento bíblico en
el cual el ser humano no revierte al cosmos de ninguna manera.(3)
Una característica de las religiones mistéricas es el rito de iniciación.
En nuestra sociedad se nace cristiano, el bautismo es el «primer
sacramento», la «puerta de los sacramentos» y la «puerta de la Iglesia».
En las escuelas de los misterios se llega tras haber transitado por una
serie de pruebas que dejan constancia de estudios que suponen una
convicción y un conocimiento reflexivo en el neófito. Que el rito de
iniciación, por medio de elementos simbólicos los cuales tienen un
sentido profundo en cuanto al compromiso que se adquiere, como juramento
solemne, con la observancia que se abraza.
Los misterios parten de los ritos iniciáticos, que apartan al
iniciando del resto de los mortales. Pasan a ser parte de un colectivo
que por medio del estudio, el conocimiento de los símbolos y las
practicas rituales, tiende, individualmente, a la unión con la
divinidad. Unión que se inicia en el momento de la iniciación y en
diferentes ceremonias se va aquilatando el conocimiento y se amalgama el
camino de la unión. Ese encuentro ascendente no puede ser exotérico.
Debe ser esotérico. Es tal la exigencia de conocimiento que de ser
pública la simbología que representa, cualquier persona puede elucubrar
sólo en el significante sin descubrir el significado, único válido en el
contexto de la escuela o culto mistérico. Por eso casi todos los
misterios terminaron por prohibir la divulgación de sus prácticas;
hablar de ellas era profanarlas, sobre todo al quedar dominados los
pueblos por las religiones étnico-políticas.
Se impone para salvaguardar el conocimiento real la ley del arcano
y se aumenta el carácter oculto, esotérico, en las celebraciones
iniciáticas, siendo tan fuerte, debido a las asechanzas propias de las
persecuciones religiosas, que misterio terminó por ser sinónimo de
oculto, misterioso. Este esoterismo hace que los documentos verdaderos
sean difíciles de encontrar. También de desviaciones y tergiversaciones
que dieron pie a las represiones más brutales conocidas (caso de las
Bacanales en Roma). No pocas veces se acuso de actos caníbales,
acusación que también sufrieron los cristianos de los primeros siglos de
nuestra era.
La salvación es ultramundana. Los actos rituales de
los misterios están orientados a preparar y enseñar con vivencias que la
muerte es tránsito de una vida a otra, que es necesario llevar una vida
pura y portarse siempre conforme a las enseñanzas recibidas. Más allá
del contenido doctrinal de la escuela individualmente concebida, las
ceremonias se orientan al encuentro con la divinidad o a la integración
del cosmos, al cual pertenece. Y para lograrlo, se debe llevar una vida
respetuosa, cumpliendo las exigencias de la enseñanza basadas en la
virtud y el conocimiento, completando el ciclo que permite llegar a la
meta que es la felicidad total del individuo, hecho esencia.
Entre las actividades comunes en las escuelas o religiones
mistéricas, se encuentran las prácticas de introspección y retiro;
periodo de iniciación y adiestramiento en la vida espiritual bajo la
dirección de un guía, maestro o sacerdote; algunas realizan ayunos y
abstinencias; purificaciones, abluciones; incluso sacrificios rituales,
entre otros.
Todo el ceremonial de la religiosidad iniciática, además de facilitar
la liberación del mal, tiende a llenar el ansia de felicidad mediante
la unión iniciada en esta vida con la divinidad y consumada tras la
muerte. Demóstenes afirma: «Huí del mal, encontré lo mejor» (4).
Numerosos ritos simbolizan la unión con la divinidad, al tiempo que
señalan el camino para lograrla. Entre las prácticas se encuentran la
omofagia o comida, en crudo, de un animal teofánico (misterios
dionisiacos); banquete en el que se alimentaban con el místico sentido
de ágape de inmortalidad (Atis-Cibele); rito nupcial o matrimonio
sagrado -hierogamia- (Eleusis, Atis-Cibele); la representación simbólica
de la muerte y resurgimiento del iniciado (Eleusis, Atis Cibele,
Isis-Osiris, Mitra).
El sacerdocio lo ejercen en muchos casos mujeres y
en general los ministros del culto encarnan la divinidad no solamente
por representación. Una vía para lograr tal carácter es la práctica de
la hierogamia, que significa matrimonio sagrado. Consisten en la unión
ceremonial entre un hombre o una mujer con una divinidad. Tales uniones
también podían llevarse a cabo con animales sagrados e, incluso, entre
los astros, caso de la unión entre el Cielo y la Tierra.
El tiempo mítico cósmico está, usualmente, en sintonía con la
naturaleza. Solsticio de verano e invierno son de gran importancia. De
que sean fechas propicias para cultos telúrico cósmicos, por medio de
ritos que conectan al iniciado con la deidad. El tiempo no es el
histórico, como puede ser para las religiones posteriores. Tiene que ver
con los ciclos de la naturaleza.
Muchos han estudiado las relaciones entre las religiones mistéricas y
el cristianismo. No es materia de este artículo. Pero si es importante
recordar que en el lugar donde nace el cristianismo son tierras en las
cuales hay gran influencia de las religiones mistéricas provenientes tanto
de Egipto, como de Babilonia y Persia, como también la
influencia helenizante de la filosofía griega, particularmente los neopitagóricos, el platonismo y los neoplatónicos. Algo de esto
abordaremos en próximos escritos.
Los ritos masónicos son las
formas, métodos y protocolos que tienen los masones para hacer sus trabajos. La
palabra rito viene del latin ritus y según el Diccionario de la Real Academia
Española significa “costumbre
o ceremonia”. También
como el conjunto de reglas establecidas para el culto y ceremonias religiosas.
El
concepto de rito no es tan ajeno a la vida cotidiana, puesto que cada día
encontramos ritos por todas partes: al saludarnos con un conocido, al celebrar
un cumpleaños, al pedir matrimonio, en el funcionamiento de un colegio, en la
celebración de un juicio, en los parlamentos, etc. En las logias ocurre lo
mismo durante sus trabajos. Los trabajos masónicos consisten en disertaciones y
debates y estos están sujetos a unas determinadas formas de proceder que se
apoyan en símbolos y mitos que ayudan a la reflexión sobre cuestiones
filosóficas o intelectuales, orientadas al crecimiento espiritual del masón.
Observamos
en el mundo que se habla de una gran variedad de ritos masónicos, pero en la
realidad son todos muy similares en el conocimiento y desarrollo de los tres
primeros grados de la masonería. Luego, en los llamados grados de perfección o
filosóficos, hay una gran variedad que, aunque utilizan diferentes vías, todos
buscan un objetivo similar: construir un ser humano intelectual y
espiritualmente formado para una sociedad armónica donde se respete la dignidad
e impere la justicia.
Hay
países o regiones (Orientes) donde las logias simbolicas, o sea, la de los tres
primeros grados, trabajan en un rito especifico y la Gran Logia, que administra
la organización masónica en dichos grados, exige trabajar en un rito
especifico, digamos el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, quizás el más popular
en Iberoamérica, el Rito de York o el Rito Nacional mexicano, entre otros.
Otros países dan libertad a sus logias y estas deciden trabajar en un rito
concreto según lo acuerden sus miembros. A veces, con el tiempo, algunas logias
deciden cambiar de rito. La pertenencia a una organización no siempre
condiciona el rito que haya que practicar. Por ejemplo, en el Gran Oriente de Francia hay
logias que practican el Rito
Francés, otras el Rito
Escocés Antiguo y Aceptado, otras el Rito de York, otras el Rito Escocés Rectificado,
etc.
Trabajar
en un determinado rito no impide a un masón asistir a tenidas (reuniones
masónicas) de otros ritos. Por ejemplo, un masón de Rito Escocés Antiguo y Aceptado puede
visitar una logia de Rito
Francés. Incluso podría, llegado el caso, cambiarse de logia y
desde ese momento pasaría a trabajar siempre en Rito Francés que sería
el rito practicado en su nueva logia.
Así
mismo, un maestro masón puede optar por practicar un rito distinto, o incluso
varios de ellos, en los grados superiores o filosoficos. Por ejemplo, hay
masones que practican el Rito
de York en su logia pero luego siguen su camino masónico en
los grados superiores del Rito
Escocés Antiguo y Aceptado o del Rito de Memphis-Misraïm o
de cualquier otro rito.
En
cualquier caso, en los tres primeros grados, las diferencias entre uno u otro
rito son pequeñas. Donde realmente hay diferencias entre unos ritos y otros en
los altos grados. En EEUU y en muchos países de América Latina, por ejemplo, no
se suele decir «yo practico tal o cual rito» cuando se refieren al ritual de la
logia simbólica (grados 1º al 3º). Simplemente se dice que uno hace masonería o
simplemente masonería simbólica. Si oyes a un masón americano decir que pertenecer
al Rito Escocés o al Rito de York, casi seguro que está hablando de los grados
superiores o grados colaterales y no del rito que se practica en su logia
simbólica.
Se
alcanza la destreza en el conocimiento del manejo de las herramientas masónicas
para edificar el edificio individual de virtudes cuando alcanza el Grado de
Maestro Masón o tercer grado de la masonería simbólica. Si el masón quiere
profundizar, y es aconsejable que lo haga, continua en las logias de perfección
avanzando en los grados filosóficos en el rito donde más se sienta a gusto, en
caso de que en su país se ofrezcan más de uno.