En la Antigüedad encontramos instituciones que
tienen relación con el cooperativismo, siendo quizás la más antigua,
institucionalizada, los Colegios de Artífices Romanos.
En muchas ciudades (polis) griegas de los siglos IX
y VIII a C. florecieron los artesanos libres, creciendo el número de
carpinteros, ceramistas, herreros, armadores de barcos y toda clase de
trabajadores manuales y comerciantes, lo que nos permite inferir la
organización de artesanos y constructores en gremios que trasmitían de padres a
hijos o parientes y en secreto, sus conocimientos.
En Roma se atribuye la primera organización de los
Colegios de Artífices a Numa Pompilio (716-674 a. C.), segundo rey romano y
sucesor de Rómulo.(1) Numa distribuyó los artesanos en varios
gremios: carpinteros, tintoreros, zapateros, músicos, alfareros y con el
tiempo, fueron agrupándose nuevos oficio o profesiones.
En el siglo VII a C. los romanos deciden enviar
tres hombres(2) a la ciudad de Atenas con el fin de recopilar las
famosas leyes de Solón (638-538 a C.), así como conocer las instituciones,
costumbres y usos de la polis griega. Al regresar, contribuyeron a redactar un
cuerpo de leyes, resultando la Ley de las Doce Tablas, que es la base del
derecho romano y en buena medida del mundo occidental. Allí se
institucionalizan los Colegios.
Ahora veamos brevemente algunas reglamentaciones de
estas asociaciones. La primera era la máxima de la ley civil: “tres forman
un colegio”. O sea, ninguna agrupación podía formarse con menos de tres
miembros. El cooperativismo chileno exige un mínimo de tres socios para
organizar una empresa.
El “Colegio” contaba con sus autoridades, teniendo
un maestro que lo presidia, un escriba, que llevaba las actas, un tesorero y
así sucesivamente. Las cooperativas cuentan con sus órganos de dirección.
La admisión de un nuevo miembro se basaba en la
regla cooptatus in collegium, que significa que el aspirante debe
ser aceptado por los agremiados. Las cooperativas tienen sus reglas, sean estas
abiertas o cerradas.
Los colegios formaban a sus aprendices. La
educación es un principio fundamental del cooperativismo.
Los colegios estaban bajo el patronato de un dios,
lo que le confería un carácter espiritual en el marco de las religiones paganas
de la época, además de practicar la autoayuda, autoresponsabilidad y la
solidaridad. El cooperativismo aun siendo laico, la mayoría de los socios
mantienen un reconocimiento del Ser Supremo, lo que fortalece el sentimiento
fraternal entre los agrupados.
El cooperativismo como hoy lo conocemos, sitúa sus
orígenes a mediados del siglo XIX, pero hurgar en el pasado remoto facilita
comprender algunas prácticas universales que fortalecen la fraternidad
internacional del cooperativismo.
Bibliografía
- Vidas
paralelas.
Edición digital.
- Tito
Livio. La historia de Roma. De la traducción del inglés al
castellano por Antonio D. Duarte Sánchez. Edición digital. 2011.
Isidro Toro Pampols.·.
Foto fuente externa