Pensar de donde procede la manera como se manifiesta el
cooperativismo como forma de vida, nos retrotrae a la Grecia Clásica, la
del siglo V a C.
Cuando pensamos en el origen de las
instituciones, usualmente nos detenemos en el momento cuando se
instituyó mediante algún hecho jurídico bien sea por ley, decreto u
otro. Hay investigadores que hurgan más allá y buscan, aplicando la
antropología cultural, profundizar en el tiempo y en espacios
encontrando relaciones que han perdurado, con sus modificaciones,
durante siglos.
La acción individual y colectiva que emprenden los individuos,
constituyen una característica fundamental de la comunidad. Esta
posibilidad comunitaria responde, por una parte, a la subsistencia
individual y colectiva, y por la otra, al sentido ético de la
participación común, en donde cada quien aporta lo que es capaz de hacer
teniendo a la vista lo mejor que hay en él para satisfacer lo mejor
posible las necesidades de todos.
Esta relación entre las actividades individuales y la provisión de
menesteres comunitarios la encontramos desde la conformación de la
familia, posteriormente en la aldea y, finalmente, en la polis (ciudad)
griega: El hombre no se comprende al margen de la comunidad, y en este sentido es como se manifiesta su naturaleza humana.
En la Grecia Clásica la familia se instituye como el ente de
cooperación común para la satisfacción de necesidades básicas, pero es
en la ciudad donde se manifiesta más ampliamente el sustento de la vida
humana, debido a que es el espacio donde los individuos son capaces de
satisfacer todas sus necesidades vitales a través de la obtención de los
frutos que se generan en la comunidad; asimismo, la ciudad es el
fundamento sobre el que se edifica el bien porque permite satisfacer las
necesidades de todos para la sobrevivencia de la comunidad, de ahí que
el espíritu que inspiraba el saber de los pensadores griegos estuviera
justificado en la razón de la polis.
Para Aristóteles, ejemplo de pensamiento helénico, la ética es un
valor de la acción humana que mira por el crear capaz de orientar la
actividad hacia la comunidad. El obrar se relaciona con la vida de la
ciudad porque es en este ámbito donde los seres humanos son capaces de
hacer común lo que es propio de cada quien a través del trabajo
individual; el bien que procura el obrar es un bien hacia los demás, que
para Aristóteles es el bien superior.
Ese pensamiento trasciende en el tiempo y hoy lo tenemos presente en
varias expresiones sociales, entre otras en el cooperativismo, donde
cada individuo aporta a una empresa colectiva más allá de sus
posibilidades económicas y con su hacer y voluntad, en términos de
igualdad con su asociados, construyen una organización donde cada
miembro puede encontrar vías de autorrealización.
Así era en la Grecia Clásica, así es en el cooperativismo.
Foto fuente externa
Isidro Toro Pampols .·.